La
Administración norteamericana ha renunciado a grandes misiones militares en el
exterior
Antonio Caño –Washington-El País
El fracaso de Irak, la
guerra que consumió durante una década los recursos económicos de Estados
Unidos y toda la energía de su política exterior, ha acabado definiendo el
papel de este país como guardián de la seguridad internacional. Con un
presidente y un jefe del Pentágono que se cuentan entre los más reconocidos
críticos de ese conflicto, la Administración norteamericana ha renunciado,
quizá por mucho tiempo, a grandes misiones militares en el exterior similares a
la que naufragó en los campos de batalla iraquíes.
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