lunes, 14 de septiembre de 2026

El crecimiento de la economía post-americana de Canadá

  • El país debe desarrollar industrias que operen libremente entre continentes
  • El crecimiento se frena por la regulación y las prácticas de contratación pública
  • Carney planta cara a Trump

El primer ministro de Canadá Mark Carney junto a Donald Trump. Europa Press

Ricardo Hausmann - Eric Protzer -elEconomista.es

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sacudió por primera vez a Canadá con aranceles sustanciales en 2018, con el foco puesto en el aluminio y el acero. Luego volvió a hacerlo cuando regresó al cargo en 2025, esta vez con varias decenas de productos en la mira, aunque posteriormente eximió a aquellos que cumplían con el Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá. La semana pasada, tras el fracaso de las negociaciones comerciales, repitió su truco favorito e impuso aranceles del 50% a una amplia gama de importaciones canadienses, entre ellas vino y guantes. Canadá respondió con aranceles de represalia "dólar por dólar".

Los aranceles de Trump no han conseguido, ni por lejos, reactivar la industria manufacturera estadounidense. Por el contrario, han infligido pérdidas a las empresas y han frenado el crecimiento en ambos países. Sus acciones también han demostrado que cualquier presidente estadounidense proteccionista podría aprovechar la integración comercial con un aliado con fines prácticos o ideológicos.

Canadá es profundamente vulnerable. Sus exportaciones de mercancías a Estados Unidos representan una quinta parte de su PIB, y en ningún sector esta dependencia es más aguda que en la industria automotriz. Dado que la fabricación de automóviles depende de cadenas de suministro regionales estrechamente integradas tanto en Norteamérica y Europa como en Asia, resulta difícil imaginar una industria automotriz canadiense que sea viable sin un acceso inmediato al ecosistema industrial de los Grandes Lagos.

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