Salvador Camarena - Sonora Presente
Una democracia tiene su columna vertebral en la voluntad del gobierno de renunciar a usar la llave de la cárcel en movidas que afecten las posibilidades de los adversarios. Mandar a prisión a un opositor debe salvar toda suspicacia de lucro electoral.
La detención y encarcelamiento de Ernesto Ruffo es la demostración de que el movimiento que hoy ostenta el poder en México quitó ese freno de mano y usará a policías, ministerios públicos, jueces y alcaides para interferir en la competencia por los cargos públicos.
Apresar a Ruffo el jueves y exhibirlo esposado ocurrió luego de un cambio de juez, prólogo de unas audiencias iniciales llevadas a cabo sin la debida publicidad, y recluirlo en el Altiplano, penal para narcotraficantes y secuestradores, expide un tufillo de abuso y desaseo que debería disparar todas las alertas sobre la vigencia de una genuina democracia.
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