Raymundo Riva Palacio - Sonora Presente
WASHINGTON, DC.- La noche en Washington tenía ese aire enrarecido que precede a las tormentas políticas. En el salón del Hotel Washington Hilton, donde cada año se celebra la cena de corresponsales de la Casa Blanca, el poder suele disfrazarse de ligereza, con bromas pesadas e incluso golpes bajos. Donald Trump había entrado al cavernoso salón, bajo una mezcla de aplausos protocolarios y silencios calculados. Era la primera vez que aceptaba ir como presidente y la única especulación que había era si, después de pronunciar su discurso, insultando y atacando otra vez a la prensa, se marcharía sin escucharlos. Pero poco más de 20 minutos después de haberse sentado, un tiroteo afuera del salón arrojó todo al caos y la confusión.
Las imágenes captadas por las cámaras de televisión y los asistentes al evento social y político más importante del año en esta capital se esparcieron casi inmediatamente por el mundo. Después de todo, el salón estaba saturado mayoritariamente de periodistas, quienes tienen la necesidad existencial de difundir a la velocidad de la luz, si eso fuera posible, la información que obtienen. El sábado no hubo necesidad de ir a buscar la información; la información se le cruzó a todos.
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