- El orden económico internacional que prevaleció desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha desaparecido definitivamente. Con Estados Unidos abdicando de sus responsabilidades de liderazgo, corresponde a las potencias medianas construir un sistema que satisfaga las preferencias nacionales al tiempo que salvaguarde la estabilidad global.
Por: George Papaconstantinou y Jean Pisani-Ferry - El Economista
PARÍS/FLORENCIA—Cuando el primer ministro canadiense, Mark Carney, observó a principios de este año que el mundo se encuentra “en medio de una ruptura, no de una transición”, describió una realidad que la mayoría de los gobiernos han tardado en aceptar. El orden económico internacional que ha prevalecido desde 1944 ha desaparecido para siempre. La pregunta ahora es qué vendrá después.
La respuesta sigue sin estar clara. Pero ya hay varios rasgos del panorama emergente que son certeros, y estos deberían guiar la forma en que Europa y las potencias medias del mundo transitan este nuevo terreno.
En primer lugar, el sistema de Bretton Woods ya no es un ancla que funcione. Su fragilidad quedó al descubierto durante la crisis financiera de 2008, y su incapacidad para hacer frente a las consecuencias desiguales de la pandemia del COVID-19 socavó aún más su legitimidad. Pero el golpe decisivo vino desde adentro: Estados Unidos, el ancla y principal artífice del sistema, lo está abandonando. La combinación del multilateralismo en decadencia y una administración estadounidense que renuncia a su papel global ha producido una ruptura irreparable.

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