Carlos Ramírez - El Independiente
FOTO: CUARTOSCURO
Dos intervenciones en esta misma semana del secretario de economía, Marcelo Ebrard Casaubón, adelantaron el final mexicano adelantado de la revisión del Tratado de Comercio Libre con dos conclusiones a la vista: la 4ªT careció de un proyecto nacional de desarrollo para buscar adecuaciones en la globalización con EU y el escenario económico de México hacia el 2036 seguirá siendo el de la mediocridad en crecimiento y bienestar.
El lunes, en una entrevista para la CNN, Ebrard reconoció sin rubor el grado de altísima dependencia de México respecto del Tratado y la falta de opciones reales que demagógicamente anduvieron por ahí pululando con sonrisas irónicas y gestos de desdén porque México está atado al Tratado, y abandonarlo “significaría inflación, dislocamiento de cadenas productivas y mucho miedo”.
Y el miércoles, con el menos sentido realista de quien tiene una función que quiso ser diferente pero que será la misma de todos los anteriores secretarios de Economía, Ebrard echó a la sociedad un balde de agua fría –aunque primero a sí mismo– cuando dijo con realismo brutal que “no hay tiempo para la nostalgia” y que los aranceles llegaron para quedarse, aunque hayan violentado en el sentido original del Tratado como un mecanismo que venía del GATT para eliminar justamente los impuestos del comercio exterior y acrecentar la compraventa de mercancías y aunque esos aranceles hayan violado el propio Tratado porque se aplicaron por razones de geopolítica y no de proteccionismo industrial.

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