Ramón Alberto Garza - Sonora Presente
El “gatopardismo” es una estrategia política que consiste en simular cambios superficiales para sacarle la vuelta a los cambios de fondo, a los estructurales, a los que urgen de verdad. Con esa actitud se mantiene el statu quo y los privilegios existentes quedan en las mismas manos.
Y eso es exactamente lo que está pasando hoy con la sacudida de las cúpulas en el partido Morena. Se va de la presidencia Luisa María Alcalde -hija política de Andrés Manuel López Obrador- para que se instale al frente del Partido en el Poder la hasta ahora Secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, otra de las creaciones incondicionales del exiliado en Palenque.
Ya el pasado 16 de abril, Citlalli Hernández había renunciado a la Secretaría de la Mujer para irse como Presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena. La designación -que la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que la tomó por sorpresa-, fue interpretada como una “desconocida” a Andy López Beltrán. Al hijo del ex presidente, que sueña con la candidatura de 2030, se le cuestionan sus pobres resultados como Secretario de Organización de Morena. Está abajo de Luisa María Alcalde, pero arriba de ella en poder, influencia y decisión.
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