Javier Guzmán Calafell - El Siglo de Torreón
La presidenta Sheinbaum dio a conocer la semana pasada la conformación de un comité de expertos que analizará si es viable la explotación de gas en México a través del llamado "fracking", es decir, la fracturación hidráulica de rocas de baja permeabilidad. El comité, integrado por funcionarios públicos, científicos y especialistas en ingeniería, deberá entregar un informe en un plazo de dos meses.
Este giro en la política energética es positivo. Nuestro país cuenta con reservas enormes de gas de lutitas, especialmente en la cuenca de Burgos, Sabinas y Tampico-Misantla. La renuencia de la administración anterior a cuando menos explorar la viabilidad de esta opción, con el argumento de sus costos ecológicos, es absurda.
Para empezar, esto soslaya que el país importa 75% de sus necesidades de gas, sin preocuparse por qué parte de ellas fue extraída mediante fracking. Además, una dependencia tan elevada de compras principalmente a Estados Unidos de un insumo vital da lugar a riesgos descomunales, ya sea como resultado de accidentes como los ocurridos en Texas en 2021, o de factores de naturaleza política.
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