Gerardo Esquivel - Milenio
El jueves pasado, Víctor Rodríguez Padilla, director General de Pemex, reconoció que la empresa estatal era la responsable del enorme derrame de hidrocarburos ocurrido en el Golfo de México. Para tener una idea de la dimensión de este desastre basta mencionar algunas cifras: hasta la semana pasada, se habían recolectado 875 toneladas de residuos de combustible en playas mexicanas; la extensión del derrame en el mar alcanzó los 75 kilómetros cuadrados, lo que representa más de mil 600 veces el tamaño de la Plaza de la Constitución (Zócalo) o más de 10 mil veces el tamaño de la cancha del Estadio Azteca.
Además de asumir la responsabilidad del derrame, que era algo sobre lo que ya se especulaba desde hace días, lo más sorprendente fue escuchar la cronología que describió el director General de Pemex y el reconocimiento de que subordinados suyos le mintieron abiertamente y le negaron la información en forma oportuna. El director informó lo siguiente (resaltado propio): “Cuando conocí el informe científico, el 3 de abril, convoqué al área operativa para que me proporcionara las imágenes satelitales y el movimiento de los barcos (…) durante febrero. Como hubo resistencia, pedí la información por oficio. Analicé personalmente las bitácoras de ocho barcos (…). De esos reportes obtuve datos y hechos de los cuales no fui informado”.
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