Duncan Wood - El Siglo de Torreón
La guerra en la que está involucrado Irán ha vuelto a recordar al mundo una verdad fundamental: los mercados energéticos siguen siendo muy vulnerables a las crisis geopolíticas. En las últimas semanas, los precios mundiales del petróleo se han disparado debido a las interrupciones del suministro en el golfo Pérsico, mientras que los precios del gas natural licuado (GNL) en Europa y Asia han seguido la misma tendencia.
Para Europa y Asia, la lección no es nueva, pero es cada vez más urgente. El conflicto ha reforzado un cambio estratégico que ya estaba en marcha: un esfuerzo decidido por reducir la dependencia de los hidrocarburos de Medio Oriente acelerando la inversión en energías renovables y energía nuclear.
En Europa, los responsables políticos han pasado últimos tres años intentando reducir su dependencia del gas ruso tras la invasión de Ucrania. El conflicto con Irán ha ampliado esa preocupación para incluir riesgos de suministro de Medio Oriente. Países como Alemania, Francia y Países Bajos están redoblando su apuesta por la capacidad eólica y solar, al tiempo que reconsideran energía nuclear como pilar de la seguridad energética a largo plazo. Francia mantiene su compromiso de ampliar su parque nuclear, mientras que incluso países históricamente antinucleares están reconsiderando sus posiciones.
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