domingo, 22 de marzo de 2026

Tragedias mexicanas

Siendo un derecho, considerada en todo lugar como un bien público esencial, decisivo, la educación exige un trato integral, generoso y responsable. Foto Alfredo Domínguez/Archivo

Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada

Entre nuestras tragedias, la educativa compite por los primeros lugares. Así nos lo advirtió Gilberto Guevara hace más de 10 años, cuando habló del desastre educativo, que dejó de ser silencioso como lo había calificado, y ahora tenemos que admitirlo sin subterfugios posibles. 

Se ha perdido el valor central de la educación consignado en el artículo tercero constitucional, entre cambios y politiquerías, reformas mal hechas y presiones de todo tipo. “Si las artes y las letras no se apagan, tenemos derecho a considerar seguro el porvenir”, afirmaba Henríquez Ureña (como nos recuerda Monsiváis), un camino que tenía de referencias tutelares, figuras señeras de la gran gesta educativa de este país, a Justo Sierra, Vasconcelos o Torres Bodet; espíritu de una época cuyo compromiso con el saber, su cultivo y difusión era un faro. 

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