sábado, 14 de marzo de 2026

En México, la mayor de las derrotas ya ocurrió

Veronica Malo Guzmán - Sonora Presente

La mayor derrota de este sexenio no será perder una elección ni enfrentar una crisis económica ni siquiera sufrir un revés legislativo. ¡Qué va! Esas derrotas son las que la política sabe administrar: se maquillan con un buen discurso, un año, dos, tres de mañaneras; se procesan con una gira nacional y se amortiguan con un par de conferencias donde alguien —probablemente aleccionado por Jesús Ramírez Cuevas— repite que todo va requetebién.

No. La derrota verdaderamente seria es otra: la creciente evidencia de que México no se va a pacificar, por más que el régimen repita la palabra “paz” con el entusiasmo casi litúrgico de quien cree que nombrar algo basta para producirlo. Durante siete años el país ha escuchado la misma promesa. Primero de boca de Andrés Manuel López Obrador y ahora de su heredera política, Claudia Sheinbaum. La violencia —se nos explicó con tono pedagógico— disminuiría si se atendían “las causas”. Una teoría elegante, profundamente hipócrita, pero —eso sí— extraordinariamente útil en campaña, particularmente a sabiendas de que la sociedad mexicana es ignorante o crédula, o las dos cosas. El problema es que mientras el discurso florecía en el escenario político, la violencia tuvo la mala educación de no obedecer el guion. Siguió creciendo. Y, para la mala suerte de los optimistas oficiales y el dolor de todos los demás, también se volvió más brutal.

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