León Bendesky - Periódico La Jornada
En 1589 la reina Isabel primera de Inglaterra negó al reverendo William Lee la patente de la máquina tejedora de calcetines que había inventado. “Usted apunta alto, maestro Lee. Considere lo que su invento puede hacer a mis pobres súbditos. Seguramente les traerá la ruina al privarlos de su empleo, convirtiéndolos en pordioseros.”
El problema se presenta hoy como una cuestión doble en esencia; por un lado, el cambio técnico destruye trabajos en el corto plazo, pero crea otros basados en el incremento de la productividad en un plazo largo.
El planteamiento convencional entre los economistas se enuncia así: “En tanto que la evidencia histórica sugiere que la tecnología no causa desempleo masivo en el largo plazo, sí altera significativamente la estructura del mercado de trabajo, favoreciendo a los trabajadores calificados y demandando una continua renovación de las capacidades”.

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