En tres patadas
Diego Petersen Farah - El Siglo de Durango
La administración pública no es la misma hoy que hace un siglo. Fuimos aprendiendo a gestionar mejor, y la corrupción, por supuesto, se ha ido sofisticando. Las normas, todas, aun las más absurdas, respondieron a la necesidad de evitar un abuso o se hicieron para proteger a la población de decisiones arbitrarias del gobierno y el poderoso en turno.
La refinería de Dos Bocas es un catálogo de cómo no se debe hacer una obra pública. Con la excusa, siempre cierta, de que la corrupción reinaba en nuestro país, el soberano en turno decidió brincarse todas las normas.
No hubo un estudio de pertinencia. A pesar de que los expertos no recomendaban hacer una refinería en la cuenca del Golfo, pues había demasiadas, el presidente López Obrador nos dijo que él sabía más que el resto y que la soberanía energética estaba por encima de cualquier consideración económica. Los expertos insistieron en que la obra costaría el doble de lo que él había calculado. O el han optado por desatar la lucha por presidente no sabía que no sabía, o nos engañó con esa facilidad para mentir que tienen los políticos. La refinería efectivamente costó el doble de lo calculado, duró el doble de tiempo de lo estimado en construcción y sigue sin funcionar a la capacidad prometida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario