Carlos Loret de Mola - El Siglo de Torreón
Funcionaron los tres minutos. Eso le bastó a la presidenta la semana pasada para poner a temblar a sus aliados del PT y el Partido Verde. Como se lo informé en la entrega anterior, Sheinbaum se apareció tres minutos en la reunión a la que convocó en Palacio Nacional para presentarles el Plan B horas después de que le rechazaron su reforma electoral. Se le vio enojada. El ambiente fue de reclamo. Le funcionó: los aliados no quisieron estirar más la liga y aunque el Plan B no les gustó mucho de botepronto, terminaron aceptándolo tras una ronda de negociaciones en la Secretaría de Gobernación.
El mensaje del gobierno a sus partidos aliados fue diáfano: rechazar el Plan B es dinamitar la alianza Morena-PT-Verde. Y nadie quería eso. A cambio de que se sumaran al Plan B y no le propinaran otra derrota legislativa a la presidenta, el régimen les ofreció rasurar aquellas partes que les resultaran intransitables.
El viernes en estas Historias de Reportero le comenté: "a ver qué pasa con el Plan B, porque la discusión apenas inicia y todavía pueden descafeinarlo (más)...". Así sucedió. Lo descafeinaron más.
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