- El problema principal es que el tipo de inversiones que llevan a cabo las empresas, sobre todo las manufactureras que “invierten en fierros”, necesitan periodos de recuperación de inversión y por lo tanto, de planeación de cinco a diez años, mínimo.
Gabriel Casillas - El Financiero
La semana pasada comenté sobre lo que pienso que puede pasar en las próximas semanas en torno a la “primera revisión conjunta” del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), planeada para el 1 de julio (“T-MEC - ¿Qué sigue? (I)”, 2 de junio). Describí cinco escenarios posibles, en donde todo parece indicar que los que categoricé como (3) y (4) son los que aparentemente tienen una mayor probabilidad de ocurrencia. El escenario (3) es el transito a una etapa de revisiones anuales y el (4) es continuar con el T-MEC como está, con los aranceles que se han impuesto después (estatus quo). Desafortunadamente, considero que estos escenarios quedan muy lejos de un buen equilibrio. Ambos extienden la incertidumbre en cuanto a los cambios de las reglas del juego en cualquier momento.
El (3) les pone fecha, al ser revisiones anuales y el (4) lo deja abierto, parecido a como hemos estado en estos 14 meses. El problema principal es que el tipo de inversiones que llevan a cabo las empresas, sobre todo las manufactureras que “invierten en fierros”, necesitan periodos de recuperación de inversión y por lo tanto, de planeación de cinco a diez años, mínimo. Les es muy difícil digerir más incertidumbre de la que ya enfrentan en el mundo actual en el rubro en el que operan, con posibles cambios en las reglas del juego a mitad del camino. Este problema se exacerba en el caso de México con el nivel tan bajo que tiene en materia de Estado de derecho, en donde existe una capacidad superior de que se cumplan las leyes bajo el marco jurídico de un tratado de libre comercio, que en el caso de México está a nivel prácticamente constitucional.
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