Luis Rubio - El Siglo de Torreón
Dos mil veintiuno ha sido un año por demás extraño. Comenzó con un crecimiento casi exponencial en el número de contagios y terminó francamente a la baja. Mientras que otras naciones actuaron para vencer a la pandemia con programas de vacunación perfectamente estructurados, como los que México hizo de manera sistemática y exitosa hace años para enfermedades terribles como la viruela y la polio, la obsesión por politizarlo todo llevó a otro resultado incierto, en vez de capitalizar las oportunidades que tiene a flor de piel, comenzando por el pleito China-Estados Unidos, cuyo beneficiario natural, si supiésemos a donde vamos, sería México.
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