- Entre más se denuncian los “males” de la Cuarta Transformación más se polariza la opinión pública, pero no necesariamente disminuye el número de simpatizantes
Jorge Zepeda Patterson - El País
Para muchos no resultará un pensamiento tranquilizador, pero más convendría asumir que el obradorismo llegó al poder para quedarse un buen rato. Los consistentes niveles de aprobación que mantiene Andrés Manuel López Obrador (por encima de 60%, pese a la pandemia y la consecuente crisis) y el estado calamitoso en el que se encuentra la oposición, prácticamente le garantizan al movimiento un sexenio más en el poder.
Algunos podrían objetar que el apoyo, incluso fervor, del que goza AMLO, no necesariamente habrá de trasladarse a su posible delfín; después de todo, él no será el candidato en campaña. Pero eso no pasa de ser una peregrina esperanza de los anti lopezobradoristas, porque en realidad él sí estará en campaña en el último tramo de su sexenio, de la misma forma que lo ha estado a todo lo largo de estos años. Sin importar el candidato del que se trate, AMLO asumirá que la elección del 2024 entraña una valoración definitiva de su gestión por parte del electorado y, en cierta manera, constituirá un triunfo o una derrota de su presidencia.
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