- Ni en el papel, ni todavía en la práctica, está claro que la renta básica universal sirva para amortiguar los efectos de un empleo que se vaticina menguante y de una insatisfacción creciente
Cristina Manzano - El País
Habrá que esperar hasta la primavera para conocer los resultados oficiales del programa que, durante dos años, ha llevado a cabo el Gobierno finlandés y que ha concluido esta misma semana: entregar, sin condiciones, 560 euros cada mes a un grupo de 2.000 desempleados elegidos aleatoriamente. Aunque las autoridades finlandesas insisten en que su experimento no encaja en el concepto, para muchos ha sido lo más cercano a explorar una renta básica universal.
Todo apunta a que ni el tiempo ni la muestra ni los recursos dedicados han sido suficientes para ofrecer conclusiones claras. Si acaso, algunos participantes han declarado sentir menos ansiedad, por haber reducido la presión a la hora de buscar trabajo, lo que puede traducirse en un intangible —mayor felicidad— y en menor gasto en sanidad.
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