Gustavo Leal F. - Periódico La Jornada
Después de siete años en el cargo y los mismos de conferencias matutinas resaltando la infinita numeralia de éxitos institucionales, una espontánea y legítima movilización de los equipos de salud desnudó la inercia de la gestión de Zoé Robledo al frente del IMSS. Hoy asistimos a su ruidoso desplome integral y al de su fachada con los trabajadores cuestionando sus costos directos laborales sobre ellos, donde, usando al instituto para un proyecto de salud transexenal en construcción (2018-2030), sin corte de caja alguno respecto a las administraciones neoliberales y sin enfrentar de fondo el desfinanciamiento estructural del IMSS, se les exige soportar muy recargados costos de la operación de esta inercia, más los de los improvisados diseños de Merino-Clark-Svarch para el Sistema Universal de Salud.
Poco después de la severa protesta y por ella –a siete años de su nombramiento– Robledo presentó un plan de 12 acciones: 1) incremento salarial del 8 por ciento, 2) basificación de 10 mil 939 trabajadores, 3) contratación de 2 mil 500 médicos especialistas, 4) 100 equipos médicos de alta tecnología, 5) 2 mil 917 equipos para cada servicio, 6) 18 mil 16 camillas, camas, sillas de ruedas, 7) plan emergente para instalaciones en áreas prioritarias, 8) garantizar insumos y material en cada piso y cada servicio: receta e insumos intrahospitalarios, 9) surtimiento completo de medicamentos en farmacia, 10) programa para abatir el rezago quirúrgico: realizar 31 mil 701 cirugías en la noche y en fin de semana, 11) citas de consulta de especialidad. La agenda digital permitirá que no haya cancelación y lograr cerca de 60 mil consultas adicionales, 12) fortalecimiento en urgencias con personal, equipo y nuevos mecanismos de comunicación, información y trato digno. Todo esto, siete años después de su nombramiento.

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