- En opinión de Verónica Malo, la renuncia de Guadalupe Taddei no garantiza silencio. Se le puede retirar el respaldo y desconocer su cercanía, pero borrarle la memoria será más difícil.
Por Verónica Malo Guzmán - sdp noticias
“No empeñarse con quien no tiene qué perder”. Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia
“Nuestros enemigos se acercan más a la verdad en sus juicios sobre nosotros que nosotros mismos”. François de La Rochefoucauld, Máximas
A la 4T podría salirle más cara la memoria de Guadalupe Taddei que su finiquito. Quitarle el cargo resuelve una fotografía. Lo que sepa, lo que haya escuchado y lo que pueda documentar plantea otro problema. Ese no cabe en una carta de renuncia.
La Silla Rota publicó que habría viajado a Arizona después de dejar el INE. Los demás repiten esa versión. No son confirmaciones independientes. Mucho menos prueban que vaya a declarar ante autoridades estadounidenses o sea testigo protegida. Esa posibilidad es una suposición. Sobre ella va este análisis. No sobre una comparecencia inventada (eso ya lo dirán otros, yo no).
El contexto sí pesa. Taddei entregó su renuncia el 26 de octubre, tras los señalamientos sobre su cercanía con proveedores. El País documentó después 853 millones de pesos en 21 licitaciones donde participaron empresas de una misma red. Su investigación identificó contratos en 25 órganos electorales durante una década. Demasiadas ventanillas para despachar el asunto como una amistad indiscreta.

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