Carlos Ramírez - El Independiente
El eje del poder imperial de Estados Unidos no se localiza en el Congreso ni en los estados; la fuerza proviene de la institución presidencial en la Casa Blanca donde los intereses geopolítica y local obedecen a las oficinas de inteligencia y seguridad nacional.
La victoria Legislativa y regional de los demócratas el martes 3 de noviembre sólo fortaleció el poder hegemónico local como representante de grupos de poder, pero el verdadero lobby de dominación de las decisiones presidenciales se configura de bloques de poder alrededor del presidente absolutista.
Los teóricos políticos de las dictaduras se han encargado de dotar a Estados Unidos de un funcionamiento imperial, un hecho que descubrió en 1974 el ensayista Arthur M. Schlesinger Jr.: el poder del presidente de EU –desde Vietnam a Irán y Afganistán– es absoluto, infalible e intocable. Los juicios políticos en el Congreso contra presidentes en el pasado reciente –Nixon, Clinton y Bush Jr.– son parte de la escenografía democrática.

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