Salvador García Soto - Serpientes y Escaleras
Dos golpes consecutivos a su proyecto político -el primero externo y el segundo en su propia casa- han dejado al presidente Donald Trump herido y debilitado en su intención de consolidar el dominio de la derecha radical en los Estados Unidos y en el mundo. El revés brasileño, con la derrota de Flavio Bolsonaro, fue el primer aviso de lo que venía para el trumpismo y su MAGA que el pasado martes, en los comicios de medio término, fue rotundamente castigado y rechazado por una sociedad estadounidense que reprobó la soberbia y los desplantes de poder de su presidente.
El resultado histórico y arrasador de las votaciones estadounidenses no es, necesariamente, un triunfo del Partido Demócrata, que si acaso tiene el mérito de resistir y de haber capitalizado la furia y el descontento de los ciudadanos. Lo que los medios de Estados Unidos y del mundo han denominado como la “Ola azul” es en realidad una muestra de vitalidad y de fortaleza de la democracia norteamericana que, a pesar de haber sido golpeada, sometida y amenazada en los dos primeros años del segundo periodo de Trump, el martes demostró que está viva y que, apoyada en el voto libre y la movilización de la sociedad, dio un golpe al autoritarismo de derecha que intentó limitar y sofocar derechos, libertades y diversidades para imponer una ideología de ultraderecha en su país y en el mundo.

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