Jorge Ramos - El Siglo de Torreón
El problema de decir que Estados Unidos es un país triste es que se trata, primero, de una generalización y, segundo, de que me pueden inundar en las redes sociales con ejemplos de gente que es feliz. Así que mejor diré que vivo en un país donde últimamente he visto a mucha gente triste, ansiosa y preocupada.
Las razones sobran.
Vivo en un país en guerra, y aunque no sufrimos bombardeos diarios, hay consecuencias por todos lados. La guerra con Irán ya cruza los siete meses, y he perdido la cuenta de las veces en que el presidente Donald Trump ha dicho que ya ganamos, y que pronto va a terminar. El mismo que tanto criticó las llamadas “guerras sin fin” en Afganistán e Irak se metió a otra en Irán, y ahora Trump no sabe cómo salirse. Fue una guerra inventada, no hay ninguna evidencia de que Estados Unidos estuviera amenazado por Irán, ni se ha logrado destruir el material nuclear que aún poseen los iraníes. Y muchos estadounidenses viven en total negación cuando les recuerdas que estamos en guerra.
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