- La economía mexicana muestra señales de recuperación gracias al impulso de las exportaciones y las manufacturas, pero la debilidad de la inversión amenaza con limitar el crecimiento.
Clemente Ruiz Durán - El Financiero
Después de meses de pesimismo, la economía mexicana empieza a mandar señales diferentes. Los últimos datos obligan a revisar la narrativa de estancamiento que dominó buena parte de 2026. La pregunta ya no es solamente por qué México crece poco, sino si estamos presenciando un simple rebote después de la desaceleración o el inicio de un cambio de tendencia. Los datos justifican cierto optimismo. El INEGI informó que el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) creció 0.6% mensual en agosto y 3.5% respecto al mismo mes del año anterior, su segundo incremento mensual consecutivo. Más importante aún es la composición: las actividades secundarias crecieron 3.6% anual y las terciarias 3.7%. Dentro de la industria, las manufacturas aumentaron 3.2% y la construcción 7.9% anual. Algo está cambiando.
La recuperación está vinculada en buena medida con el sector externo. Las exportaciones han mantenido un dinamismo considerable y comienzan a transmitirse con mayor claridad hacia la producción manufacturera. Particularmente interesante es el crecimiento de las exportaciones de equipo de cómputo hacia Estados Unidos, fenómeno que puede adquirir una dimensión estratégica ante la reorganización de las cadenas norteamericanas asociadas con inteligencia artificial, centros de datos y nueva infraestructura digital. Analistas citados por El Financiero consideran que el mayor dinamismo de las exportaciones ya empieza a reflejarse en las manufacturas, al mismo tiempo que aparecen señales de recuperación de la inversión pública y privada. Sin embargo, conviene no confundir recuperación con transformación estructural.
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