Raymundo Riva Palacio - Expreso
La cancelación del programa Jóvenes Construyendo el Futuro para lo que resta del año ha pintado el elefante en la sala: el Gobierno de Claudia Sheinbaum probablemente se ha quedado sin dinero para cerrar diciembre. Los Gobiernos de la 4T, que han aplicado durante ocho años un modelo político-electoral basado en transferencias directas, entraron a una zona de turbulencia donde nunca pensaron estar. Sheinbaum como el expresidente Andrés Manuel López Obrador, protegieron el gasto social comprimiendo otras partidas, practicando terrorismo fiscal y acelerando la recaudación, pero la realidad los alcanzó: sin crecimiento ni inversión, no hay combustible para que siga caminando la locomotora a toda velocidad.
La falta de recursos ha sido motivo de reuniones en Palacio Nacional en las últimas semanas. Una es altamente relevante, se dio hace unos 10 días, cuando el secretario de Hacienda, Édgar Amador, le adelantó que los megaproyectos de López Obrador, el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto “Felipe Ángeles”, no sólo eran financieramente inviables, sino que no iban a tener éxito. La exposición racional de un gasto oneroso para el Gobierno debía haber sido suficiente para que Sheinbaum redujera el nivel de inversión en ellos, pero no lo hizo. La instrucción es que sigan inyectando los 300 mil millones de pesos al año que necesitan para no colapsar, aunque sepan que es dinero para la basura y reducen aún más sus espacios de maniobra, en un momento donde una mala decisión puede tener consecuencias mayores.
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