Gran angular
Raúl Rodríguez Cortés - El siglo de Durango
Sorprendentes, en todo momento petulantes y no pocas veces alarmantes, fueron las declaraciones que el presidente de Estados Unidos hizo a la revista Time el pasado jueves primero de octubre. Dos de los asertos francamente inquietantes hechos por Donald Trump al influyente semanario estadounidense ante lo que ya es, no para pocos, una crisis político-militar de su gobierno fueron: 1. Que no dudaría en declarar una emergencia nacional, invocar la Ley de Insurrección para desplegar fuerzas militares en territorio estadounidense en caso de violencia generalizada en las calles durante, antes o después de las elecciones de medio término que tendrán lugar dentro de treinta días.
Y 2. Que está dispuesto a “aniquilar” a Irán por no ser posible la paz con ese país.
La Ley de Insurrección de 1807 es una de las normas federales más antiguas y poderosas del sistema legal estadounidense y al pensar en invocarla, uno supone que Trump vislumbra los escenarios que justificarían recurrir a ella: insurrecciones o rebeliones contra la autoridad federal, violencia generalizada que los estados no puedan controlar, conspiraciones o asambleas ilegales y/o violaciones masivas de derechos constitucionales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario