Raymundo Riva Palacio - Expreso
De manera esquemática, como suele hacerlo casi todas las mañanas, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, informó ayer de un nuevo operativo. Detuvieron el lunes a Iván Cazarín, “El Tanque”, en Zapopan, dijo, frío, con un lenguaje cáustico, donde apenas si dejaba asomar su palmarés criminal la densidad del personaje dentro del Cártel Jalisco Nueva Generación. Le regateó méritos malvados, reduciendo a unas cuantas palabras algunas de las acciones que más daño han causado a las fuerzas de seguridad mexicanas, como el derribamiento de un helicóptero Blackhawk en 2015 con un misil tierra-aire donde murieron nueve militares y una policía federal que perseguían al entonces líder de la organización, Rubén Nemesio Oseguera, El Mencho, y casi escondiendo en otra frase -su vinculación a robo de hidrocarburos-, la dimensión política de la captura.
El Tanque no es otro delincuente, ni uno más de los jefes del cártel de las cuatro letras, sino una de las figuras más temidas en el sur del país, en donde era el responsable regional de las actividades criminales desde Veracruz hasta Chiapas, y autor material de la expansión de la banda criminal hacia la frontera con Guatemala, en donde con el apoyo de gobernadores y altos funcionarios del gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, fue conquistando territorio que había pertenecido a la facción de Joaquín El Chapo Guzmán en el Cártel de Sinaloa.
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