León Bendesky - Periódico La Jornada
La oferta pública inicial que lanzó recientemente la controvertida empresa de inteligencia artificial Anthropic es realmente extravagante, por decir lo menos. Lo es por el monto de recursos que pretende alcanzar en una valuación que es del orden de 2 billones de dólares y, aún más, por las características del prospecto que presentó a los inversionistas.
El asunto ocurre en un periodo turbulento del proceso de desarrollo en la industria de la IA. El entorno está marcado por el significado mismo de la tecnología y sus implicaciones; por las grandes expectativas que genera, incluyendo sus riesgos y, también, por el carácter de la competencia en el mercado, entre un puñado de empresas con un enorme poder, no sólo económico sino de naturaleza social y política.
Destacan los problemas de inseguridad de los distintos modelos de IA, como ha ocurrido en la misma Anthropic e, igualmente, en su rival OpenAI y en Alphabeth (Google). Estos ocurren de modo más frecuente, como indican los recientes episodios que se describen como la secuencia de incidentes sin precedente en los que modelos de “frontera” se evaden de los límites del ambiente de prueba en el que operan y hackean, de manera autónoma, otras entidades independientes para completar las tareas que se les han asignado.

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