domingo, 4 de octubre de 2026

La vacuidad del Congreso

 
Foto Luis Castillo 

Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada

Si ayer, en el centro de cualquier propuesta progresista democrática estaba la llamada a civilizar la política, hoy, si no ha desaparecido del todo, está penosamente arrinconada en espera de mejores tiempos. 

Los actores políticos, y en particular los partidos, parecen empeñados en reducir, hasta desaparecerla, la discusión política nacional sobre la política, pero en realidad sobre todo lo que huela a ella. Al hacerlo, niegan abiertamente la democracia que los hizo parlamentarios, funcionarios del Estado, atentos zapadores de todo lo que suene a deliberación pública. Tal es la tragedia de estos tiempos que dejaron de ser promisorios para tornarse ominosos, más que nublados, sin perspectiva alguna. 

Los legisladores, en su mayor parte, no parecen dispuestos a tomar nota ni de sus responsabilidades expresas ni del descrédito que en varios sectores de la sociedad se han ganado a pulso. Poco o nada parecen importarles los compromisos expresos de sus cargos, ni que se les vea como carentes de valor alguno para la democracia que los trajo hasta aquí. 

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