Pablo Lemus (1969) convirtió una crisis hídrica en tempestad política. Con decisiones indolentes y temerarias, el gobernador de Jalisco, que en siete semanas cumple dos años en el cargo, cavó un foso donde se anega la viabilidad de su Gobierno. En unos cuantos días pasó de aliado de la presidenta Sheinbaum a ser emplazado por esta a explicar la represión contra manifestantes. Su futuro está hoy en un pantano.
Lemus es un pasajero accidental de la política. Hasta 2011 su perfil era eminentemente empresarial. Es hijo de una familia conocida en Guadalajara, pues era dueña de una concurrida cadena de tiendas donde se vendían instrumentos musicales, discos y casetes. Estudió Administración de Empresas en el ITESO, institución jesuita con fuertes lazos con los emprendedores jaliscienses.
Dado al ejercicio y ágil de labia, hace dos décadas Lemus se convierte en dinámico representante de la patronal jalisciense. Hacia 2012, el PAN, que gobernó tres sexenios esa entidad del Occidente del país, acusaba desgaste; y si bien en las elecciones de ese año el PRI, impulsado por Peña Nieto, ganó la gubernatura, Jalisco ya demandaba nuevas alternativas. Ahí comienza a despegar Movimiento Ciudadano.

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