Por: Carlos Alberto Martínez Castillo - El Economista
Una de las tesis más icónicas del que fuera el jefe de Estado más importante en el siglo XX, Winston Churchill, refiere que el mejor gobierno es aquel que se mete lo menos con la gente; para Margaret Tachter, el desarrollo es consecuencia de que los gobiernos permitan a sus ciudadanos explotar todas sus capacidades que les han sido obsequiadas por Dios.
Los gobiernos por naturaleza refieren control y orden para garantizar seguridad a sus pueblos. El problema surge cuando los gobiernos se inclinan por controlarlo todo mediante todo tipo de leyes e incluso la fuerza.
En nuestro país viene pasando algo similar, siendo una nación con una notoria falta de Estado de Derecho y niveles de impunidad altísimos, la clase política no se cansa de generar leyes literalmente por semana. En los últimos años se ha llevado al rango de ley la prisión preventiva oficiosa, la seguridad nacional-pública, los programas sociales, feminicidios, memes, derechos de personas, animales, naturaleza y audiencias, lo mismo el huachicol, las advertencias sobre la sal en la comida y el vapeador.
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