Por: Jorge A. Castañeda Morales - El Economista
El martes 29, el dólar cerró por encima de 18 pesos por primera vez desde marzo. El 4 de septiembre había tocado 16.86, por lo que, en menos de un mes, el peso perdió cerca de 7% y borró toda la ganancia del año. No es una crisis, pero confirma lo que se ha dicho en este espacio: el superpeso, del que este gobierno se colgó la medalla, dependía en buena parte del diferencial de tasas, y ese diferencial también se decide en Washington.
El 16 de septiembre, la Fed de Kevin Warsh subió su tasa a 3.75-4%, por unanimidad. Ocho días después, Banxico dejó la suya en 6.50% por tercera reunión consecutiva. El diferencial quedó en 250 puntos base, nivel que solo se había visto en diciembre de 2015. Hace tres años, el diferencial era de casi 600 puntos. Con ese margen, el carry trade —pedir prestado en dólares para invertir en pesos— ya no compensa el riesgo y el dinero se va.
Banxico tiene razones para no moverse. Según su comunicado, las diferencias entre las condiciones en México y EU hacen que su política monetaria “no tenga que reaccionar de manera mecánica” ante la Fed. Con un crecimiento de apenas 0.6% en 2025, que además se habría desacelerado en el III Trim., subir la tasa ahogaría aún más la economía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario