Carlos Ramírez - El Independiente
El problema estructural de la democracia mexicana no es la existencia históricamente que desde 1855 se ha apropiado del discurso social para perpetuarse en el poder, sino la ausencia de una verdadera oposición que represente una alternativa a las propuestas de las coaliciones dominantes.
La oposición logró la victoria de Juárez y el liberalismo, también la oposición derrotó a Porfirio Díaz y hasta ahí llegó el modelo político mexicano porque la Constitución de 1917 no representó el marco referencial básico de una democracia como el modelo político que pudiera permitir enfoques ideológicos contrastantes.
En este escenario, el problema de la democracia mexicana consiste en la ausencia de definiciones de clase que presenten opciones como alternativas a las del grupo dominante y se agotan sólo en propuestas de alternancias de grupos y coaliciones alrededor del mismo proyecto nacional.

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