- Los dos terremotos que golpearon la costa venezolana a finales de junio, con magnitudes de 7.2 y 7.5, no sólo dejaron una estela de destrucción
Veronica Malo Guzmán - El Heraldo de México
Los terremotos no distinguen entre democracias y autocracias, entre gobiernos honestos y gobiernos corruptos, entre ideologías conservadoras o liberales.
Sacuden por igual. En consecuencia, lo que sí se da es poder distinguir la calidad del Estado. Mientras la naturaleza libera en segundos la energía acumulada durante siglos, la corrupción lleva años debilitando silenciosamente columnas, varillas, presupuestos, instituciones y mecanismos de supervisión. El sismo termina; la corrupción sigue matando.
Los dos terremotos que golpearon la costa venezolana a finales de junio, con magnitudes de 7.2 y 7.5, no sólo dejaron una estela de destrucción. También expusieron algo mucho más profundo: las grietas de un modelo político que durante décadas confundió propaganda con política pública.
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