Rodrigo Pacheco - Dinero en Imagen
Suma cero
La contundencia con la que México ha derrotado a sus rivales en el Mundial contrasta con lo que ha ocurrido en la cancha de su relación comercial con Estados Unidos. El partido que jugamos con la principal economía del planeta se da en la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). A diferencia del futbol, no debería ser un juego de suma cero donde la ganancia de uno es la pérdida del otro; en el comercio internacional, el éxito radica en que ambas partes obtengan beneficios a través de la eficiencia de las ventajas comparativas. Sin embargo, Donald Trump tiene una visión mercantilista anclada en un dividendo político que se origina en la base de votantes estadunidenses que se desencantaron con la globalización.
ÁRBITRO VENDIDO
La Gran Recesión de 2008-2009 fue el catalizador de la pérdida de legitimidad del liberalismo económico en Estados Unidos; generó terreno fértil para que Donald Trump creara su base política del Make America Great Again (MAGA). El gobierno de George W. Bush se enfrentó al problema de evitar que el sistema financiero colapsara, lo que implicó rescatar a las grandes instituciones financieras con dinero de los contribuyentes. Una vez instalado, el gobierno de Obama mantuvo los mecanismos para sanear el sistema financiero, pero no obligó a los altos ejecutivos que se beneficiaron a pagar las consecuencias. La conclusión de grandes sectores de la sociedad estadunidense es que el gobierno, que debería fungir como árbitro de los intereses de todos los grupos de la sociedad, estaba vendido a las élites. El descrédito de las élites, más allá de republicanos y demócratas, dio lugar al arribo de Donald Trump a la Casa Blanca. Por eso no importan los argumentos económicos del libre comercio: la discusión es política.
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