Luis Soto - El Independiente
En su clásica conferencia mañanera, perdón, reunión anual con los medios de comunicación, el ingeniero Carlos Slim Helú, mostró un optimismo desbordante sobre el futuro económico y social de México, que dejó perplejos a los analistas financieros, bursátiles, políticos.
Empezó haciendo un recuento de la historia económica de nuestro país, después de la revolución; expresó maravillas de la etapa del “desarrollo estabilizador”, cuando el PIB crecía arriba del 6%, por ciento, la inflación era del 2.
Habló de la “abundancia petrolera”, del Tratado de Libre Comercio, de las inversiones, del empleo, de los salarios, de los proyectos de infraestructura, del campo mexicano (aunque no dijo que estaba más jodido que nunca), de los 50 millones de pobres que podrían incorporarse a la economía (aunque no dijo cómo ni para cuándo); de los 10 millones que gracias a los gobiernos de la 4T salieron de la miseria (y se convirtieron simplemente en pobres), de la producción petrolera que está por los suelos, si se compara con los más de 3 millones de barriles diarios que se obtenían en las mejores épocas.

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