Horacio Esquivel - El Economista
Durante más de una década, las principales economías del mundo convivieron con tasas cercanas a cero y abundante liquidez. Ese entorno permitió financiar déficits crecientes sin que el costo de la deuda pareciera un problema. Hoy esa etapa terminó. Japón, Estados Unidos y México enfrentan simultáneamente un ajuste donde inflación, tasas y crecimiento comienzan a retroalimentarse.
Japón es la primera pieza de este rompecabezas. Durante años, el Banco de Japón sostuvo artificialmente bajas las tasas mediante control de la curva de rendimientos y compras masivas de deuda pública. Sin embargo, el regreso de la inflación obligó a reducir gradualmente ese apoyo. El rendimiento del bono japonés a 30 años alcanzó niveles cercanos a 4.2%, máximos no vistos en décadas.
Japón enfrenta envejecimiento poblacional, gasto social creciente y mayores compromisos de defensa. Entre 2026 y 2029 planea incrementar cerca de 28% su emisión de deuda. Si el Banco de Japón deja de actuar como comprador permanente, el mercado exigirá mayores rendimientos.
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