- La muerte de Edmund Phelps revive el legado del Nobel que revolucionó la macroeconomía con expectativas racionales, inflación, desempleo, innovación y libertad creadora.
Por: Federico Rubli Kaiser - El Economista
El pasado 15 de mayo, casi a los 93 años, falleció el profesor Edmund “Ned” Phelps, uno de los economistas más brillantes y prolíficos, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2006. Tuve el privilegio de ser su alumno en cursos del doctorado en la Universidad de Columbia.
La muerte de Edmund Phelps cierra una de las trayectorias intelectuales más originales y fecundas de la economía contemporánea. Sus inquietudes lo llevaron a transitar y evolucionar por diferentes enfoques para analizar una diversidad de problemas. Por ello, es difícil clasificarlo dentro de alguna corriente.
Sus primeros trabajos al inicio de los sesenta se centraron en los modelos de crecimiento y acumulación de capital, planteando la llamada “regla de oro” del ahorro para maximizar el crecimiento. En la década de los setenta lo atrajo la idea predominante que proponía la Curva de Phillips de que existía una relación relativamente estable entre inflación y desempleo: un país podía tolerar un poco más de inflación a cambio de menos desempleo. Phelps desarmó ese principio. Su intuición consistió en introducir las decisiones intertemporales y las expectativas en el análisis económico.
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