Ricardo Pascoe - El Heraldo de México
El aura de invencibilidad y legitimidad de Morena se ha abollado gravemente. Quizá mortalmente. El estigma de “narco partido” ya ganó tracción en el imaginario popular. Así como Morena usó el grito de “Prian” contra la alianza entre el PAN y el PRI, hoy la coalición de Morena, PT y Verde corre con su propia etiqueta: “narco partido”.
Esa etiqueta de “narcos” será el sello de su casa, de ahora en adelante. Mientras el movimiento creado por Andrés Manuel López Obrador se basó, supuestamente, en la trilogía “no robar, no mentir, no traicionar” como versículo bíblico, es justamente la traición a esos principios lo que ha quedado desnudado ante el asombrado ojo público de una nación entera.
La defensa presidencial a toda costa de Rubén Rocha y el senador Inzunza, acusados de haber ganado su elección en asociación con el Cártel de Sinaloa, ha abierto millones y millones de ojos acerca de lo que verdaderamente hay detrás del gobierno y la retórica de Morena. La alianza de Morena con el narcotráfico no sólo es real, está absolutamente vigente. Y se defiende desde la Presidencia de la República.
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