Salvador Camarena - Sonora Presente
A finales de abril Estados Unidos arrojó contra México la bomba política más potente en décadas. Como muchas bombas, esta no surgió de la nada, ni ocurrió sin señales públicas de lo que venía y aún falta para dimensionar el real daño de sus esquirlas.
La crisis por ese artefacto en forma de acusación por narco en contra de “los diez de Sinaloa” va mucho más allá de lo bilateral, que ya es mucho decir. Es el reto más grande de la presidencia de Claudia Sheinbaum y remece la estructura misma del régimen morenista. La cronología de los hechos no deja lugar a dudas, el país será otro antes y después del caso en contra del gobernador Rubén Rocha et al.
Cuando un embajador de Estados Unidos en México habla, se tiene que prestar oído. Si es uno con un palmarés donde CIA y Marine son palabras destacadas, y si representa a Donald Trump, más vale no perderle la vista. Y si declara sobre corrupción, es que algo anda muy raro. Pero en esta ocasión no sucedió. Pocos estaban escuchando.
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