León Bendesky - Periódico La Jornada
El embrollo de la guerra en Irán provoca un fuerte impacto adverso en la economía, derivado en principio de las consecuencias que tiene sobre la estructura petrolera de ese país y del resto de los productores de Medio Oriente. Durante semanas, se han señalado estas repercusiones y, a medida que se ha instalado una especie de impasse militar, la situación alcanza un estado de mayor riesgo. Buena parte está condicionada por el cierre del estrecho de Ormuz y la interrupción del abasto de petróleo crudo, gas natural licuado, fertilizantes y otros productos.
Ormuz ha estado cerrado desde marzo, y se ha bloqueado el transporte de alrededor de 20 por ciento del petróleo del mundo, una cuarta parte del gas natural y también de diésel y turbosina. La situación se extiende al abasto de minerales y productos químicos industriales. Se estima que está afectada la mitad del comercio marítimo de sulfuro para baterías, así como el azufre para fertilizantes, además del tránsito de aluminio y óxido de aluminio que provienen de la región del golfo Pérsico. Lo mismo pasa con diversos productos agrícolas (trigo, aceite de soya y leche en polvo descremada) y con el metanol, utilizado para fabricar productos químicos para resinas, revestimientos y plásticos. (Pueden consultarse al respecto los documentos de la Unctad del 1º de abril pasado y del Foro Económico Mundial, con misma fecha).

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