Maria Amparo Casar - Sonora Presente
Ya se ha escrito hasta el cansancio que la realidad acaba por imponerse al discurso aún cuando tarde en hacerlo y aún cuando al momento de imponerse se haya perdido un tiempo invaluable. Si no por convicción y ética pública, al menos por pura practicidad, los gobiernos deberían escuchar y aceptar la crítica. No lo tienen que hacer públicamente si les parece que eso bajaría su popularidad. Con que lo hagan por atrás -sí, en lo oscurito- y actúen en consecuencia bastaría.
Llevamos casi ocho años en que los problemas se minimizan, se niegan o se deforman. Acompaña a esta “estrategia” el vicio de que en caso de reconocer un problema -educativo, sanitario, económico o de cualquier otro orden- su origen y persistencia y, por tanto, su responsabilidad, no es cosa suya sino de sexenios anteriores. Esto a 8 años de un supuesto cambio de régimen en el que se acabó la corrupción, la impunidad, la injusticia, el autoritarismo, el desprecio a la legalidad y la disolución entre el poder económico y el poder político.Política
Todo por usar se acaba y acaba por no servir. La narrativa gubernamental ya está en rendimientos decrecientes.
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