Jorge G Castañeda - El Siglo de Torreón
México siempre ha tenido que escoger sus batallas con Estados Unidos. Hoy esto es más cierto que nunca. Por un lado, convivimos con un presidente norteamericano que hace caso omiso de todas las reglas, escritas y no escritas, del protocolo, de la diplomacia y de la historia de la relación bilateral. Por el otro, el país se encuentra más vulnerable que nunca, tanto por culpa de la 4T como por sus debilidades intrínsecas.
Por ello, no es seguro que los quince mexicanos muertos en manos de ICE durante el último año puedan constituir un casus belli. Pero tampoco se trata de un asunto que deba permanecer en el ámbito del trámite burocrático de la actual Secretaría de Relaciones Exteriores, que es la misma que hace un par de semanas. El gobierno de Sheinbaum ha enviado notas diplomáticas, ha solicitado investigaciones y explicaciones, ha anunciado un recurso -no entiendo muy bien cuál- ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha declarado que la repetición de casos es "inaceptable", pero nada más. La pregunta es si disponemos de instrumentos para hacer otra cosa.
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