Carlos Ramírez - El Independiente
Justo en tres momentos delicados de su relación con EU –la revisión de TCL, la disputa por Cuba y la guerra en Irán–, el regreso de México a la política exterior activa no deja buenos mensajes y sí algunas complicaciones: ir a España a fortalecer la línea monárquica y anti Trump, y alejarse de América Latina porque perdió ya todo su liderazgo.
La decisión de fortalecer el lanzamiento del Global Progressive Mobilisation (GPM) el próximo sábado estará codificando el mensaje de México a Washington de que Palacio Nacional participaría subordinado en el bloque anti Israel y anti EU del presidente español Pedro Sánchez, pero justo en el momento en que se encuentra sentado en el banquillo de los acusados por corrupciones probadas de ministros, funcionarios y señalamientos muy graves que involucran irregularidades de su esposa.
Sánchez construyó un bloque bajo la argumentación de “¡no a la guerra!” contra Irán, pero más como tabla de salvación interna que como una estrategia de reconstrucción de la ruta. En la reunión progresista en Barcelona estarán presentes otros presidentes latinoamericanos que serán acarreados a fortalecer a Sánchez y convertirlo en el gran líder antibélico: el brasileño Lula da Silva, el colombiano Gustavo Petro, el uruguayo Yamandú Orsi, el sudafricano Ramaphosa y los desconocidos primeros ministros de Barbados y Kosovo.

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