lunes, 13 de abril de 2026

Matar una civilización

Jesús Silva Herzog Márquez - Pulso de San Luis

Una civilización entera morirá hoy para no volver nunca más." En esos términos planteó Donald Trump su amenaza reciente al gobierno iraní. Si el régimen no cedía de inmediato a las exigencias norteamericanas, una cultura milenaria se convertiría en polvo. El presidente de los Estados Unidos declaraba al mundo su disposición de terminar definitivamente con una civilización. No se trataba del exabrupto que un asesor escuchó en un ataque de furia. Era un mensaje abierto que el presidente publicó en su vehículo favorito para que todo mundo lo escuchara. Trump no amenazaba con eliminar a un gobierno o a un régimen; no anunciaba el propósito de destruir la estructura militar de Irán. Lo que ponía en el centro de la diana era una civilización. El hombre que se declara libre de cualquier restricción legal anuncia que, si sus exigencias no son cubiertas en el plazo definido, hará desaparecer de la faz de la tierra una manera de entender la vida, una forma de hacer y apreciar el arte, una idea de la fe, del rito, de la muerte y de la trascendencia. Lo había dicho antes en una entrada demencial llena de improperios. Si no cumplen con nuestras demandas, vivirán en el infierno.

La declaración del presidente de los Estados Unidos amenazando con aplastar los sitios sagrados de una cultura milenaria se convierte inmediatamente en un episodio desechable en el ciclo de las noticias. La determinación genocida de Trump ha tenido el efecto que tienen sus escándalos cotidianos. Agitan durante unos minutos la indignación para olvidarse en cuanto llega el siguiente escándalo. Esa es el metabolismo de nuestra era. Un sistema que produce, procesa y desecha aberraciones a un ritmo acelerado. Un mundo que quema escándalos y los trivializa. Hace unos días el comandante más poderoso del planeta declaró públicamente que haría desaparecer a una cultura de la faz de la tierra. Confesó su intención de convertirse en un criminal de guerra. Hoy pocos se acuerdan de ello porque hablamos de un más reciente horror inconcebible.

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