- La reciente decisión de Kenia de renunciar a la financiación del Fondo Monetario Internacional pone de manifiesto la asimetría inherente a la arquitectura financiera multilateral. Durante las Reuniones de Primavera, los responsables políticos tienen la oportunidad de abordar estos desequilibrios estructurales, comenzando por una reforma del sistema de cuotas del FMI.
NAIROBI – En marzo, Kenia dio un paso estratégico hacia la autodeterminación económica cuando el Tesoro anunció que no necesitaba financiación del Fondo Monetario Internacional para lo que restaba del año fiscal, que finaliza en junio. En su lugar, el gobierno keniano movilizó 588.000 millones de chelines (4,500 millones de dólares) mediante la oferta pública inicial de Kenya Pipeline Company, la venta de una participación en Safaricom y la emisión de nuevos eurobonos. Esto representa aproximadamente cinco veces la cantidad que el FMI habría ofrecido en un solo año. Como afirmó el secretario del Tesoro, John Mbadi, Kenia no necesita ser rescatada.
Al aprovechar sus activos y acceder a los mercados internacionales de capitales en sus propios términos, Kenia ha reivindicado precisamente el tipo de soberanía fiscal que el sistema multilateral fue diseñado para fortalecer, no para suplantar. Sin embargo, persisten las tensiones estructurales: personal del FMI llegó a Nairobi en febrero y las conversaciones se reanudarán en las Reuniones de Primavera del Banco Mundial y el FMI de este mes. Pero, como advirtió la Contralora del Presupuesto de Kenia, Margaret Nyakang’o, la excesiva dependencia del financiamiento del FMI conlleva el riesgo de ceder margen de maniobra política a la institución. “No debemos ser meros títeres”, afirmó.

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