Leo Zuckerman - El Diario de Coahuila
Difícil creer que se reformará la Ley del Banco de México con el fin de obligarlo a adquirir dólares en efectivo para beneficiar a un grupo empresarial. ¿Vale la pena asumir los costos asociados con el único fin de quedar bien con un aliado en el sector privado?
Puede ser. En este gobierno no hay que descartar nada.
Pero también hay otra hipótesis. Y quiero ser muy claro: se trata de una mera conjetura producto de la extraña reforma que se votará hoy en la Cámara de Diputados.
López Obrador, lo sabemos, es un político muy hábil que lanza petardos legislativos para ver las reacciones de los involucrados. Si una reforma no causa escozor, queda abierto el camino para seguir adelante. Si, en cambio, los afectados causan mucho revuelo, eso quiere decir que se tocó nervio; ahí hay una reforma que afecta muchos intereses creados, por buenas o malas razones; hay que irse, por tanto, con más cuidado. En otras palabras, el Presidente es un maestro de la vieja táctica política de medirle el agua a los camotes.
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