Un grupo irresponsable ha cerrado el gobierno
federal porque ha antepuesto sus obesiones ideológicas al bienestar de Estados
Unidos. Pero no ha logrado su máximo objetivo, paralizar la reforma sanitaria
de Obama
Carmelo Mesa-Lago- El País
La sanidad esencialmente privada estadounidense tiene los
mayores costes internacionales, pero también indicadores a la zaga en el mundo
desarrollado; 48 millones de personas carecen de seguro, la burocracia es
exuberante y el fraude masivo. Las aseguradoras privadas (HMO) cargan altas
primas y copagos, excluyen enfermedades crónicas y seleccionan riegos para
reducir costes y aumentar ganancias. No hay un seguro nacional sanitario, como
en la Unión Europea, Canadá y la mayoría de Iberoamérica, donde el Estado es el
asegurador o juega un rol crucial en la provisión, regulación y supervisión del
sistema privado. En Chile, pionero en la privatización sanitaria, solo un 16%
de la población está cubierta por ese sector y el resto por el sistema público.
En 1966, enfrentando un boicot de los médicos, el presidente Johnson creó el
seguro de sanidad para retirados (Medicare), obligatorio y con financiación
federal, pero con atención por instalaciones privadas y seguro suplementario en
HMO. Hoy es el segundo programa público más popular en el país.
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