domingo, 5 de abril de 2026

La furia presidencial contra Villamil

Cuartoscuro

Cuando él abandonó la oficina, ella decidió cortarle la cabeza. Pronto no. Esos no son sus métodos

Claudio Ochoa Huerta - Vanguardia

Cada día pone al límite su tolerancia. Cada día recibe más quejas de él. Cada día aparecen funcionarios hartos de su prepotencia. Desde hace meses, Jenaro Villamil había colmado la paciencia de la presidenta Sheinbaum. Ella, en sus cálculos políticos, optó por mantenerlo en el puesto mientras se calmaban otros frentes más delicados, como el de la salida de Adán Augusto López de la coordinación del Senado, entre las herencias incómodas de López Obrador.

No es que Villamil le parezca peligroso políticamente ni relevante en la estructura. Lo estimaba, de hecho, como a pocos. La cuestión es que el entramado del Sistema Público de Radiodifusión, el SPR, es más complejo de lo que parece. En pocas palabras, la presidenta prefería a malo por conocido que bueno por conocer.

Pero el manejo del asunto de la mujer que asoleó las piernas en una de las ventanas de Palacio Nacional fue la gota que derramó el vaso. La presidenta cree, como la mayoría del círculo rojo interesado en el morbo de la historia, que era una nimiedad. Que bastaba con salir a reconocer que el Acapulco en la azotea había sucedido y que algo así no se repetiría.

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